sábado, 14 de junio de 2008

Perú (primera parte)

Hola de nuevo. Desde la última vez que escribí he recorrido Perú de norte a sur, en largas horas de autocar. Me he centrado en conocer la parte norte de Perú, ya que al sur iré más adelante, y con más tranquilidad, y bien acompañado. A pesar de lo apresurado, me ha dado tiempo a vivir grandes aventuras, que os contaré en dos capítulos. El primero se centra en Trujillo y alrededores, y el segundo, en las aventuras en las montañas de La Cordillera Blanca. ¡¡Ahí voy!!


De Quito a Trujillo

Tres autobuses, paradas en las ciudades de Machala (Ecuador) y Piura (Perú). En Ecuador, plataneros y plataneros, en Perú, desierto y más desierto, 34 horas en total, de Quito a Trujillo. En el camino, a destacar, un percance que por suerte se convirtió en anécdota, y que cuento para que os echeis unas risas, que nunca vienen mal.

Pues estábamos en el trayecto de Machala a Piura, ya en Perú, y el autobús hace una parada. Qué suerte, había ganas de ir al baño. Tras dar rienda suelta a mis necesidades, salgo del baño y ¡oh! Sorpresa. El autobús ya no está, y con él se va también mi gran amiga: la mochila. Se veía a lo lejos, y yo, sólo en el desierto, lo observaba con nostalgia. Tras unos momentos que se me hicieron eternos, el autobús regresó a por mi, y me subí a él observando el atisbo de sonrisa de los ocupantes del bus. Buff, reíros, reíros, pero gracias por regresar. Como dicen por aquí, ¡¡en Perú hay que estar pilas!! Gracias a un chico que conocí que alarmó al conductor de mi falta, el momento crítico se quedó en anécdota y por suerte, Perú no me ha dado más sustos como éste, sino más bien al contrario, gratas sorpresas.

Salvando anécdotas, me vi en Trujillo al final del largo viaje. Trujillo, llamada así en honor a la tierra natal del conquistador Pizarro, me recibió con los brazos abiertos, pero yo sólo pasé un día escaso en dicha ciudad, pues unos franceses que me encontré en el viaje me recomendaron ir a Huanchaco, hermoso pueblo playero, y más económico. Aprovecho para mandar un saludo al Trujo, si es que lee esto alguna vez. Suena tópico, pero no pude evitar acordarme de ti en esta ciudad que lleva por nombre tu apellido. Me acuerdo de ti en más situaciones, te lo aseguro. Nunca dejarás de ser un grande.


En la Plaza de Armas de Trujillo (ver foto más arriba), uno de los múltiples relaciones públicas de las agencias turísticas me abordó y me convenció a buen precio de visitar las ruinas de Chan-Chan, y luego me llevarían a Huanchaco, donde quería pasar la siguiente noche. Hacia las ruinas me dirigí.

Chan-Chan

La ciudadela de adobe más grande del mundo, según afirman los autóctonos (no así google), fue construída por la civilización Chimú. Éstos desaparecieron a manos de los Incas, tras largos años de guerras.

En el palacio que visitamos, chocan las bonitas figuras talladas en las paredes, y el sonido del mar siempre presente que nos acompañaba. Cuesta poco imaginar cuando las paredes aún no habían perdido su color y los reyes celebraban sus acontecimientos en los enormes recintos por los que paseábamos. Los 9 palacios de los que consta Chan-Chan han sido durante años abandonados y saqueados. Por suerte, fue declarada Patrimonio de la Humanidad, y está en un importante proceso de restauración y conservación. Por cierto, Chan parece que significa Sol en su idioma, y no me extraña, porque aquí pega pero bien.














Al final del tour, me dejaron en Huanchaco, y allí pasé por un hostal llamado My Friend. Mis planes eran partir al día siguiente para ir hacia las montañas, pero diversas situaciones hicieron que me quedara dos noches más y partiera la siguiente.

Huanchaco: relájate y disfruta

Y es que Huanchaco es el lugar donde todos los viajeros hacen una pausa. Por tanto, encontré gente de todo el mundo que recorría todo el mundo y de nuevo, no estuve solo. Practiqué mucho inglés, y a destacar, hice algo que no había hecho antes, y a lo que Huanchaco debe parte de su fama: ¡¡el surf!! Como el monitor me prometió, en una clase pude mantener mi equilibrio en las olas y conocer la sensación del mar bajo tus pies. Espero repetirlo cuando tenga oportunidad, para no olvidarlo. Como diría en España: muy guapo.


En Huanchaco fue clásico ambiente playero, risas y fiestas. Aquí os pongo un ejemplo de cuando me fui de karaoke a Trujillo con unos gringos risas mil. ¿Sabéis? En Perú, casi todos los karaokes son también restaurantes de pollo. Curioso cuanto más. Ahí os dejo una foto que tomamos en un taxi. No me preguntéis cuántos íbamos. Muchos. Más fotos, en el enlace de la derecha.


También un hombre llamado Luis me ayudó en conseguir billete para Huaraz (las montañas) y me dio larga conversación. ¡Un abrazo si me lee! Y un abrazo a la gente del My Friend, Laura y amigos, que me hicieron pasar unos días muy agradables. Pero siento no haberme quedado a la gran fiesta, las montañas me estaban llamando.

A la llamada de las montañas acudí, dirigiéndome a Huaraz, punto estratégico en la Cordillera Blanca. Pero eso, es otro capítulo. ¡Un abrazo enorme a todos! ¡Y gracias siempre por vuestros comentarios y e-mails!

FER

5 comentarios:

Unknown dijo...

Nuestro Fer aventurero, no pierde la sonrisa ni cuando su equipaje se va por un lado y el se queda en medio de la nada. Menuda estampa.

Como se echa de menos ese temple por aquí. Un abrazo gordo y gracias por estos pequeños capítulos de tus aventuras en el "otro lado" del globo.

;) sonrie

Anónimo dijo...

Hey manitoo!!
Llevo dos semanas intentandote llamar al movil de ecuador pero me temo que ya lo tienes off, así que te mando todos mis abrazos que llevo acumulados en este comentario.
Si tienes alguna forma ( movil ) para contactarte y poder hablar avísame.
No dejo de imaginarte en ese taxi con 8 más, y pasándolo en grande.
Acuérdate un poco de nosotros, que nosotros ya lo hacemos de tí ;)))))

un abrazo infinito ( y eso es muy grandeeeee...casi como mil )

Karolina dijo...

F E R ERES MI IDOLO!!!!!

Anónimo dijo...

Tu si que eres
de!

Anónimo dijo...

Tu si que eres grande fer!